Ahorrando plumas: la estrategia del gorrión

Todos sabemos que las plumas son una característica única de las aves. Compuestas por queratina, el mismo material que nuestro pelo y uñas, tienen la peculiaridad de que una vez terminado su crecimiento, se convierten en un tejido muerto, a diferencia de nuestro pelo que crece de por vida desde su raíz. Esto implica que las plumas se van deteriorando poco a poco y deben ser renovadas periódicamente en un proceso que denominamos muda.

Es frecuente que en algunas especies, los machos muden sus plumas antes de la estación reproductora para lucir sus mejores galas ante las hembras, unos colores que revelarán ante ellas su condición biológica entre otros pretendientes o su estatus de dominancia. Sin embargo para alguna de estas aves, mantener fuera de la estación reproductora semejante plumaje puede suponer problemas, bien por ser demasiado llamativo para los depredadores, bien por desatar la agresividad de otros machos en un momento en que lo inteligente es agruparse en bandos para alimentarse y olvidar las tensiones sexuales hasta la próxima primavera. Por ello los machos de algunas especies realizan una segunda muda al finalizar el periodo reproductor con la que adquieren un plumaje de coloración más discreta.

Para el macho de gorrión común, su babero negro es importante, pues su extensión indicará a las hembras el estado físico del ejemplar (a mayor extensión estado más óptimo). Pero en invierno un babero demasiado llamativo puede disparar la agresividad de otros machos, en un momento en el que destinar tiempo a peleas implica dedicar menos tiempo a alimentarse, que es lo realmente crucial de cara a la supervivencia del ejemplar. Como vemos es necesario lucir un bonito y gran babero en primavera y uno mucho más discreto en invierno. ¿Solución? La obvia sería sustituir las plumas dos veces al año…

Pero la muda no es un proceso que resulte “barato”, de hecho puede suponer un esfuerzo para el individuo muy elevado, al nivel de la migración o la reproducción, pues no sólo se requiere energía para que crezcan rápidamente las nuevas plumas, las aves en estado de muda también tienen problemas para mantener su temperatura una vez que pierden parte de su protección térmica. Sin embargo, la evolución ha dotado a algunas aves como el gorrión, de un mecanismo para poder lucir un plumaje discreto en invierno y más llamativo en primavera.

Cuando la estación reproductora del gorrión está llegando a su fin, por julio o agosto, los machos comienzan a mudar su plumaje, y las nuevas plumas que ocupan el lugar del babero son negras, pero con un amplio margen gris en su parte exterior, de forma que esta parte gris de una pluma tapa el color negro de la que se sitúa por debajo, y así sucesivamente. Esta parte gris de la pluma, escasamente pigmentada sufre un desgaste paulatino (la melanina que pigmenta la parte negra de la pluma, además de colorear, genera una mayor resistencia al desgaste). Poco a poco y de forma progresiva la parte gris de las plumas va desapareciendo, y según se reduce, el babero se va volviendo más y más negro, alcanzando su máximo contraste al final de la estación reproductora cuando se vuelve a mudar el plumaje.

Y esta es la ingeniosa forma por la cual los gorriones (y otras aves) pueden presentar con las mismas plumas una coloración diferente en periodo nupcial y fuera de él. Ingenioso ¿No?

Luis Martínez Martínez

Área Social – SEO/BirdLife

Contacto: avesdebarrio@seo.org

Fotografías: Shutterstock.com / Ilustraciones: Luis Martínez

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